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People en Español - Alejandro Sanz
Y no pudieron. Quince años después de aquella experiencia, todo ha cambiado para aquel jovencito inexperto y ávido de mostrar su música ante el mundo. Ahora viaja en primera clase colmado de atenciones; lo recogen en limosina y, al arribar a Miami, no va a un hotel, sino a su mansión con vista al mar donde construyó su propio estudio de grabación. Otras cosas también han cambiado en su vida, Sanz, de 37 años, ha vendido internacionalmente 21 millones de álbumes y ha recibido 1 Grammy y 13 Grammy Latino. En España está considerado el artista que más discos ha vendido en la historia de la música pop del país y se ha ganado el respeto de músicos y críticos con trabajos como Más (1997), donde "Corazón partío" fue número uno en 18 países; El alma al aire (2000); Alejandro Sanz MTV Unplugged (2001) y No es lo mismo (2003), que vendió más de un millón de copias en su primera semana de ventas. "En una industria llena de retos, Alejandro y su talento son un recordatorio constante de por qué amamos la música", afirma Gabriela Martínez, vicepresidenta de mercadeo de Warner Music Latina, sello que ha respaldado al artista y ha dado el visto bueno a su décimo CD, El tren de los momentos. ¿Va a ser otro éxito de Sanz? Miren nada más a los colaboradores: Shakira, Juanes, Calle 13; Antonio Carmona, de Ketama; y Alex González, de Maná. ¿Lo dudan? Por si fuera poco, cuenta también con Thom Russo, prestigioso ingeniero de sonido que ha trabajado con Michael Jackson, Eric Clapton, Macy Gray y Maná. "Lo veo como un chavo con una gran sensibilidad musical", dice Alex González, del grupo Maná. "Es muy leal y fiel a su propuesta musical. COmo persona, es a toda madre, es muy buen cuate". Para la cantante cubana Lena, a quien Sanz apadrinó en su primer disco, el creador de "Tú no tienes alma" le cambió la vida. "Cuando lo conocí, dije: 'Hay gente buena en el mundo de la música'". En su reciente disco ha tenido un explícito gesto de amor filial al incluir a su hija, Manuela, en el tema "Se molestan", donde la niña de 5 años toca el violín. "Le encanta el violín", dice orgulloso. "Es buenísima, sabe tocar con esa intensidad, pin, pón, pin, caramelo, chocolate... ¡vamos, es Paganini! Ella toca piano y violín, pero no quiero forzarla a nada", agrega Sanz, quien tocaba guitarra cuando tenía 4 años. La niña le inspiró uno de los temas del CD, "La peleíta", número singular que empieza jazzeado y termina rapeado con la intervención de René Pérez, de Calle 13; y las guitarras de Sanz y Juanes. "Esa canción la escribí porque vi una foto de mi hija con unos guantes de boxeo puestos más grandes que ella y "La peleíta" me pareció que era bonito, aunque luego cambia y se habla de amor". Por muy feliz que se vea ahora, no todo ha sido alegría en los últimos tiempos. El fallecimiento de su padre, Jesús Sánchez Madero, de cáncer el año pasado, y la separación de su esposa y madre de su única hija, la modelo mexicana Jaydy Mitchel, a principios de ese mismo año, ensombrecieron su rostro y su ánimo. La pareja se había casado en Indonesia, por el rito balinés, en diciembre de 1999. Aunque ambos guardan silencio acerca de los motivos de la ruptura, la visible tristeza y su música hablan por sí solas. El tema " A la primera persona", del nuevo álbum, cuenta sobre la derrota y se muestra decepcionado del amor. "Estoy escéptico, que es lo peor", aclara Sanz. La separación de Mitchel, de 31 años, ha sido en buenos términos y Sanz se ha mantenido muy unido a su hija. En julio le celebró el cumpleaños a la niña en Miami. "Hay muy relación. Mi hija viene muchísimo a verme y yo la voy a ver", afirma. En Miami, Sanz vive con su tío por parte de madre, Francisco Pizarro, un andaluz que ha dejado esposa, familia y su restaurante en Alcalá de los Gazules para acompañar por un tiempo a su sobrino preferido. "Él está solo, no tiene nadie a su vera, su padre murió y él me necesita más", cuenta Pizarro, quien le cocina a Sanz a diario una cena saludable. ¿Y en el campo del amor? "Todos queremos como cuando teníamos 15 años, ése es el amor que yo comprendo", dice Sanz. "Si no puedo tener eso, las caricias que tengo guardadas se pudrirán. A mí me cuesta enamorarme, me enamoro de una mirada, de un gesto, pero de ponerme a cantar serenatas a la luz de la luna, no".
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