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No es lo mismo - Track by track (por Santiago Alcanda)
Alejandro, más hondo, más real, más suyo. Muy suyo. Con respeto, sin premeditación ni alevosía. De primeras uno se topa con este Alejandro Sanz que avisa que no es un conformista, ni se abotarga, que gusta del vértigo de la vida, del riesgo en el arte. Y le divierte. Le encanta la búsqueda aunque sea a ningún lugar. Es un monstruo. Canta con una sonrisa en los ojos que embarga las entendederas. El flamenco, su cobijo. Bajo su sombra, Alejandro se siente fresquito, arraigadito, más cerca de su verdad. Su punto de mira. Ahí le tenemos en la portada, mirando a través de un vaso ¿medio lleno o medio vacío? Ésta es la cuestión. Depende de la visión, del punto de vista de cada cual. Entre el + y el - puede haber una nueva vida, una nueva canción. Alejandro reclama la subjetividad, el espíritu del individuo, la persona única e irrepetible. Talante renovado, propulsado. Alejandro se ha acercado a mirar las cosas con sus propios ojos, se ha emborrachado de vida, de emociones y pensamientos para luego tomar distancia, mirarse al espejo y sentirse hasta necesitar, hasta ansiar libertad y liberación. Libertad de expresión, de interpretación. Liberación de dogmas, de miramientos, de miedos propios y ajemos. El proceso ha debido ser doloroso y, sobre todo, gratificante. Para él y para quien le escuche. ¿Hay también un niño dentro de ti? Escuchemos a este Alejandro nuestro, un Alejandro audaz, urbano, solidario. Este Alejandro no es lo mismo.
Esta canción acoge el espíritu del disco, toda una declaración de ideas, promesas, principios o reproches en primera persona singular y plural, porque Alejandro no se siente solo, se siente coral, humano, solidario. Y canta sobre ese compás hip-hop entre el soliloquio rapero y los cánticos más ceremoniales del gospel, entre aromas de viento urbano, negro. Más claro que el agua. Como una oración pagana. Alejandro parece invitarnos: No es lo mismo este Alejandro que el de Más o el de El alma al aire, ni es lo mismo este Alejandro que tantos que quieren parecerse a él. Éste Alejandro es más ibérico y latinoamericano y seguro que Lulo Pérez, el compañero coproductor, tiene mucho que ver al respecto. La voz de Alejandro Sanz no está en venta, es un remedio para sinsabores. Al artista le encantaría que cualquiera que escuche No es lo mismo, al final de la canción ya no sea el mismo que seis minutos antes. Vivir es lo más peligroso que tiene la vida. Nadie quedará indiferente. Alejandro toca el tres. Vale primo.
Aquí suena esta rumbita cosmopolita, que surge de empaparse de soul, bossa, blues, son, jazz y de todo el flamenco del mundo. Arranca esa guitarra funky suave de Carlos Rufo y se contagia el paso. Llueve y la nostalgia achica el corazón. No importa que el cielo sea un espejo a punto de quebrase porque Alejandro aplica al tema un ritmillo animoso, un allegro ma non troppo, para aliviarnos de esos chaparrones de morriña. Y se agradece que la cosa está mu achuchá. Esos coros brasileros que sueltan con aire sensual lo de no importa tanto pero llueve hacen que el dolor duela menos. Y más aún ese final de viento y metal, de piano y otras teclas cubanas-cubanas de Lulo que animan a la charla de Alejandro que está muy comunicador. Y Alejandro toca el tres.
Este Alejandro no es lo mismo, pero debe ser muy pariente, gemelo quizá, del que nos embelesó con baladas hoy ya clásicas de la música española e internacional como Si tú me miras, ahí donde el artista pisa terreno firme, su hábitat más familiar. Canciones de amor o desamor con el influjo de la música italiana. Los arreglos del propio Alejandro son sencillos. ¿Hay alguien que haga mejor este género de balada melancólica con añoranza de los días alegres? A ver sueña con tu alegría mi melodía. Canta esperanzado. Canta avivado con esas guitarras españolas, acústicas y eléctricas que ayudan a que el tema avance como un deseo eléctrico de la cabeza al estómago.
He aquí un título con anécdota tan espontánea como el propio disco. Una tormenta fuerte provocó una caída de tensión, el apagón. Alejandro estaba trabajando en las bases de una canción y al reiniciar el ordenador, éste le avisó: "try to save your song". Alejandro se quedó con la copla, se quedó con el título para el tema recién salvado y le puso un apóstrofe a la última palabra, s'ong, un guiño al mundo solidario. Así que desde la galaxia de Bill Gates al mejor error de tu corazón y en clave hip-hop, que Alejandro está muy dicharachero. Y rockero, como si del giveitaway ese de los Red Hot Chili Peppers se tratara. Y en inglés que rapee GQ que lo hace que te pasas... Ella es preciosa, Ella es música hip-hop/ Está un pelín celosa/ no me deje viajar a España con los coleguitas/ porque las chicas me rompen la camisa/ me rompen el pantalón/ sólo porque con Alejandro Sanz/ hice una canción... El solo de Michael Landau a la guitarra pone los pelos de punta. Alejandro siempre flipó con las guitarras heavies, las del hard-rock. Y Landau es un crack. Dice James Taylor que es el mejor para estos casos. Y Vinnie Colaiuta rompe la batería. No está solo Alejandro porque Alejandro sabe acompañarse consciente de la importancia en la música, como en la vida, de los pequeños detalles, de aquellas pequeñas cosas que cantaba Serrat. Capaz Alejandro de sacrificar la mejor frase de su cante por esas notas o esos toquecitos de estos monstruos de orquesta divina. Funky callejero entre Harlerm y Moratalaz, entre Chapultepec y los Gazules.
Hay gente que no consigues olvidar. ¿Sueño o tempestad? Canción. Eso, remedio pa'l alma, que la música es terapia y cura del sentimiento de culpa y del dolor de la memoria. Suena la guitarra flamenquísima de José Antonio Rodríguez y el bolerón acompaña el sentimiento que la vida son cuatro días y tres son para cantar. Alejandro crece, se cuida. Sí, siempre ha dominado la balada directa a la fibra sensible, a las emociones. Y será porque le pierde el cante jondo que esta balada tampoco es lo mismo. Es eso que nos daba en sus primeras canciones pero con el arte aprendido, con la esencia del gournet, del gusto por lo sutil y espontáneo como esa trompeta con sordina tan nocturna del ubicuo Lulo Pérez. Bellísimo solo.
La ciudad donde los sueños aprender a nadar. Un canto de libertad. El Corazón partío cubano. ¿Quién le va a entregar sus emociones a la gente buena, a los poetas libres de Cuba? Lulo Pérez es cubano. Y Horacio El Negro, un batería estratosférico, un percusionista que ha hechizado al mismo Morente. Son para que el mundo se entere, lo cante y lo baile a los cuatro vientos. Alejandro se desgañita. No es para menos. Alejandro toca el tres a su manera. ¿Y el dinero? Labana es una pieza mágica muy Alejandro Sanz. Corazón partío resultó de un largo proceso de elaboración a lo largo de tres años. Labana es una pieza mágica del mismo género de composición ardua, compleja, repleta de elementos dispares que increíblemente se hermanan, se armonizan. Es admirable cómo una canción así, tan llena de contenido, llegue tan sencilla, tan directa al oído del público. Todo hace pensar que Labana se convertirá en uno de los temas favoritos de la gente, de los que gusta tararear en la vida cotidiana. Lo que entendemos por un éxito.
Sentada al borde del mundo como Otis Redding, la galleguiña Sandy cierra sus ojos negros y arenosos. No quiere mirar esta realidad de chapapote. Alejandro lo canta entre violines, violas y violonchelos sublimes. Estremece. Es una de las canciones que más sobrecogen al propio Alejandro, sin duda muy afectado por la catástrofe del Prestige. Todo un himno popular que pregunta incisivo, sin medias tintas... Éste no es el mismo Alejandro. Este Alejandro ha abierto los ojos y este Alejandro nos canta que no le gusta lo que sus ojos están viendo. La tragedia gallega duele. Estés donde estés. Este Alejandro tan latino, tan universal, es muy español. Muy humano, muy gallego. Este Alejandro papá se pregunta en voz muy alta por el futuro de nuestros niños, de nuestro planeta. ¿Y el dinero? El dinero mata.
Más declaración de pensares y sentires. Leré, leré. Alejandro no se muerde su lengua flamenca. Que va. Ya digo que está muy dicharachero. Que escuche a Jota Mayúscula. En la canción titular No es lo mismo Alejandro recita eso de No es como un “ismo”... es instinto. Aquí sigue con lo mismo: Qué ritmo ni que son/ me lleva la intuición. Duro al oído, quizá, para los más profanos y duro y a la cabeza de los que no dudan, de los que saben de ritmo mediático. No vayamos a confundir libertad de expresión con libertad de ira, odio y manipulación para con el prójimo. Gracias, Alejandro. Que lo digas tú, la voz española más escuchada en la Historia de la música popular, es importantísimo. Te pedirán nombres y apellidos. Dales nombres de tus canciones. O cántales por bulerías.
Balada de despecho. Alejandro responde cantando. Relaciones que nunca se olvidan. Relaciones para olvidar. Mejor no recordar lo mal que sabe ese jarabe. Y desgargantarse si hace falta: Un trago más amargo de tu copa de adiós. ¿Eso es cantar mal? ¿Qué es cantar bien? ¿Cantar afinado? ¿Y afinado sin sentimiento ni verdad es cantar bien? Corazón partido, corazón desafinado. Desafinado como la joya bossa de Jobim. Alejandro canta con la libertad del cantaor flamenco, quiere cantar como lo va sintiendo, natural como las niños que van a cantar/ me gusta mucho Camarón, como Picasso y su ruptura con el principio del deber. ¡Viva el principio del placer! Que no maten el niño que hay en mí. Bien, Alejandro, bien. Canta como te de la gana.
Ésta será una de las canciones más importantes en la reciente historia de Alejandro. Cinco minutos en los que el tema va progresando nota a nota, los instrumentos entran sutilmente hasta llegar a un final pletórico de orquestación. Una guitarra flamenca aquí, otra más, una eléctrica y electrizante, el trombón, la trompeta y el fiscorno, esos coros inmensos. Una obra total. Una canción que también crece y se crece dentro del que la oye. Todo el universo musical que identifica el arte de Alejandro. Un amor perdido, un sueño de amor eterno. Regálame la silla que tiene arte El sueño, el arte, se vuelve a hacer real. La guitarra de Paco, el de la Lucía, suena y el mundo calla. Y de Alejandro, que le hechizó la pintura, imagino un lienzo en óleo donde esa silla vacía sigue esperando como aquella silla de madera blanca de Van Gogh que aún le aguarda en Arlés o la otra de madera rojiza con el asiento verdusco donde Gauguin nunca volvió a sentarse. Toque pausado que se alegra con los vientos de Lulo. Momentitos tan flamenquitos.
Voz, piano y cuerdas mil. Arreglos de Lulo y Alejandro. Un mírate qué has hecho contigo. La pieza más íntima de este repertorio. Un canto a la libertad individual, un grito por lo bajini a favor de la pasión. ¿Existe ese puerto eterno de pasiones? La voz viaja a otra galaxia. Si tengo mi universo es porque lo necesito
Alejandro es un flamenco. Español, sí, claro. Latino, también. Universal, sin duda. Y gaditano y chamaquito y cheli. He aquí el ramalazo madrileño. Sí, he cantado mal... ¿Qué pasa? Lo dicho.
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